SV// Transcripción de un volante repartido en la Marcha por una Nueva Política de Drogas

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¿Qué tanto más allá de la marihuana?

Rafael Guirola
Un nuevo orden ciudadano

Un suceso es un acontecimiento con posición y tiempo definidos, por ejemplo; la marcha del pasado tres de mayo en El Salvador por una nueva política de drogas, en el umbral de la era de la información.Sobre este suceso es necesario preguntarnos, ¿hasta dónde puede llevarnos? Aunque lo que nos reunió en esta fecha fue la necesidad de plantear una nueva política de drogas, y con mayor sinceridad, la legalización del consumo de marihuana, los alcances de esta causa son más profundos. Primero detengámonos en la difusión de la marcha, la cual sucedió a través de internet, la herramienta de la revolución del acceso a la información.

En la medida en que se siga fortaleciendo este ejercicio, se seguirá ganando terreno y fomentando un modelo alternativo frente a los grandes medios de desinformación.

Es bueno ver cómo desde un tiempo en el país el internet ha ido ganando notoriedad en el campo de las comunicaciones, de forma consciente y productiva, con ejercicios cibernéticos más formales, de participación y con aspiraciones informativas sociales. En la medida en que se siga fortaleciendo este ejercicio, se seguirá ganando terreno y fomentando un modelo alternativo frente a los grandes medios de desinformación. Lo mejor de todo es que lo hace la sociedad sin necesidad de estar vinculada orgánicamente a una ONG, partido político, institución religiosa, gremial o sindical, empresarial u otros etcéteras. No hay que dejar de lado el papel de la Iglesia Evangélica Protestante de E.S. ni las organizaciones involucradas, pero tampoco se puede decir que los que asistimos a dicha marcha lo hiciéramos por ellos.

Esto es pura ciudadanía reunida por un fin común, sin necesidad de un método de convocatoria y logística mas que el virtual, y cuya organización está en consecuencia con un nuevo orden de participación y de escribir la historia. Esta actitud asume los cambios generacionales de nuestra época, marcada como ninguna antes por la globalización e interconectada en todos los aspectos. Hoy en día vemos cómo movimientos en diferentes latitudes están en contactos, similitudes en el manejo y lenguaje de grupos de protestantes en distintos países de distintas regiones del mundo, solidaridad con causas que antes se conocían poco, bloques regionales de poder frente a otros bloques regionales con intereses contrarios como mecanismos de fortalecimiento, decisiones que influyen en el pensamiento de la región. Una de esas decisiones es el tema de la legislación concerniente a las drogas.

Un espíritu verde camina por América, es el espíritu de la legalización

Mitos y burlas son el principal sustento de la prohibición irracional, mientras que otras drogas, como el alcohol y el tabaco, han sido legisladas desde hace muchos años y aceptadas por la sociedad

En nuestro continente vemos cómo en algunos Estados de E.E.U.U. su consumo y distribución es regulado, permitiendo tener un mayor control y recaudación de ingresos. Digno de consideración es el caso de Colorado, que en enero de este año se convirtió en el primer Estado en legalizar su venta con fines recreativos, con un total de ventas en este primer mes por un monto de 14 millones de dólares. En Centro América, el presidente guatemalteco, Otto Pérez Molina, propuso abrir el debate sobre el tema. Viendo al Sur nos encontramos con el emblemático caso de Uruguay, donde Mujica (el presidente imposible) llevó a la República Oriental a convertirse en el primer Estado productor y distribuidor de marihuana en el mundo.

En nuestro país, el tema es tabú, y como consecuencia, no existe un esfuerzo serio por abordarlo. Lejos del estudio científico, la ignorancia y la doble moral han sido las únicas referencias para tratar el tema, sin una política respaldada por razones estadísticas, médicas y científicas, y sin un programa de salud adecuado para tratar la dependencia a esta, y cualquier otra sustancia. Es necesario abrir la discusión para desmitificar el tema. Mitos y burlas son el principal sustento de la prohibición irracional, mientras que otras drogas, como el alcohol y el tabaco, han sido legisladas desde hace muchos años y aceptadas por la sociedad; incluso siendo ocupadas para el marketing creando estereotipos de tipos “cool”.

El argumento de la pureza de los valores de la sociedad y el mensaje que se transmite a los jóvenes tampoco es válido. Basta ir a cualquier supermercado y ver cómo se venden estas drogas permitidas a menores de edad sin ningún reparo. El Estado permanece en un profundo sueño y es urgente despertarlo. Aunque la incomodidad de la clase política a tratar el tema, el cálculo de las palabras, y el discurso cantinflesco de hablar mucho y decir poco intente darle largas al asunto, es nuestro deber insistir. Darle una sacudida al sistema político y mediático, e iniciar la sustitución de lo viejo por lo nuevo, es posible. Aún con todo eso, creo (espero) que el gobierno entrante sabrá estar a la altura de la situación, e incluir el tema dentro de ese diálogo nacional al que ha llamado. Imagino que quienes organizaron esta manifestación tienen expectativas similares, en vista de la proximidad al cambio de presidente con la fecha de la marcha. No olvidemos el absurdo que es prohibir en la teoría, lo que en la práctica no se consigue controlar.

Reacciones, justificación y otras hierbas que rumiar

En cuanto a la reacción de la gente sobre la legalización, siempre vamos a encontrar resistencia. Somos una sociedad muy conservadora y temerosa, pero principalmente, una sociedad a la que se le ha negado el debate de ideas; y lo que hacemos con nuestra causa es nadar contra corriente, en contra de los valores de esta sociedad. Hacemos pues, la apología del consumo de drogas. Debemos ser creativos y responsables. Demostrar que el consumo ni nos hace más, ni nos hace menos, que la diversidad de criterio es natural en la especie humana, y que el respeto a la persona debe prevalecer sobre la estigmatización y el prejuicio. Si conseguimos que la gente respete las diferencias, estaremos un paso más cerca de conseguir ponernos en la situación de los desprotegidos, de “los más” de este país, y cambiar su realidad.

Hay que reflexionar también sobre la justificación de nuestra causa. Nuestra demanda está en sintonía con la nueva ola de pensamiento, característico de nuestra época y nuestra generación. Cada cierto tiempo es necesario impulsar cambios que contribuyan a abrir la mete de la sociedad. Este que impulsamos es uno de esos cambios revolucionarios, y que además plantea una posición respecto al mercado clandestino, que existe, y cada vez va creciendo más. La regulación estatal contribuirá en la reducción de la violencia y la criminalidad. Aunque no terminará con los problemas que derivan del narcotráfico, esta medida sería, por lejos, más efectiva que cualquier otra impulsada por el gobierno, si se ve mas allá de las drogas. Debemos considerar el mercado que existe en este momento y tener presente a quienes de esto hacen su vida. Institucionalizar lo que existe.  Debemos pensar en quienes del cultivo, distribución y venta consiguen sus bienes necesarios para vivir. Todo este mercado, también genera empleo.

Por último, hay que considerar la trascendencia de este suceso. Que lo que ahora nos mueve sirva para hacer eco en otras causas que asumir como propias, y que efectivamente lo son. Es nuestra tarea ocupar el impulso brindado por las experiencias en el continente, y que pone los reflectores sobre nosotros, aunque sea por un momento, para exigir el cumplimiento y pronta solución de causas más urgentes e históricas; como la ley del agua, ley de vivienda digna, y reforma agraria; causas de moda como la ley de partidos políticos, reforma tributaria, sistema de pensiones, impunidad y corrupción; y temas no tan de moda, como una ley de medios de comunicación, el impacto psicosocial del bombardeo publicitario, el gasto que implica la administración de 262 municipios, con sus 262 alcaldías, en un país con tan reducida extensión territorial; pero sobre todo, avanzar hacia una reforma en educación que permita la socialización del conocimiento. Cualquier problema tiene a la base la deficiencia en educación, la falta de cultura e identidad nacional, y la transculturización. Tomemos, por ejemplo, la dependencia a cualquier sustancia. Dicha dependencia pasa por una debilidad mental, producto de fallas estructurales e individuales en educación y cultura. Por eso, la consigna debe ser: ¡Educación y legalización!

¿Qué tanto mas allá de la marihuana queremos llegar?.

Eso depende de nuestra creatividad. “Trinchera de ideas”. Ideas.

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